En algunos lugares de España y principalmente de Valencia o Andalucía, se llaman alquerías a las casas de labranza generalmente situadas en zonas de regadío y alejadas de los núcleos de población, que contienen una o varias viviendas de distinto tamaño e importancia y patios y dependencias para el desarrollo de las labores agrícolas y el almacenamiento de los productos. Mas, maset o masía son términos que corresponden en principio a zonas de secano, aunque la distinción, en los usos actuales, quizás haya quedado con unos contornos menos definidos y parezca responder más a la costumbre del lugar. Otro tipo de construcción rural del territorio valenciano, propia del regadío (de hecho era especialmente popular en la huerta de Valencia) pero mucho más modesta y ligada al minifundio, es la barraca.

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La palabra es de clarísimo origen árabe (al-qaria, pueblecito o caserío), como lo es su primitivo uso en la España musulmana, donde se llamaba alquerías a pequeñas comunidades agrícolas situadas en las cercanías de poblaciones importantes. Muchas de ellas fueron desapareciendo con el tiempo, como las de Llombai en Burriana, de las que sólo queda como recuerdo el camino que les daba acceso. Otras sobrevivieron, bien como pequeños núcleos de población –sin salir de Burriana tenemos las Alquerías de Santa Bárbara o las de Ferrer – bien como municipios plenamente autónomos como las cercanas Alquerías del Niño Perdido.

Alquerías El blog de MascarósEn el sentido de casas de labor aisladas e independientes, la huerta de Valencia contiene, en distintos grados de conservación o deterioro, una verdadera colección de magníficas alquerías. Fuera de la Comunidad Valenciana, hay conocidas alquerías en varias provincias de Andalucía y especialmente en la de Granada.

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Burriana, que inauguró  inmediatamente tras su conquista por el rey Jaime I de Aragón un sistema de regadío que ha llegado hasta nosotros, tuvo, además de los núcleos de alquerías colectivas, muchas alquerías aisladas, grandes y pequeñas, palaciegas y modestas, desde la época medieval hasta nuestros días. Ellas fueron mudos testigos de las sucesivas transformaciones del sistema de propiedad de sus campos y también de los cultivos, desde los cereales, la vid y la morera, hasta la masiva y ahora desgraciadamente decadente presencia del naranjo. Muchas han desaparecido. Otras están en ruinas. Algunas han aguantado mejor el paso del tiempo o han sido restauradas.

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Una de esas alquerías, la conocida desde mediados del siglo XIX  como Alquería de Mascarós, era una ruina total a finales del siglo XX. Sus dueños decidieron restaurarla, prácticamente reconstruirla, en una operación arriesgada y valiente, sin ayuda oficial alguna, devolviendo una pieza de gran importancia al patrimonio arquitectónico del país. Pero a la historia y rehabilitación de la Alquería de Mascarós le dedicaremos una próxima nota.

 

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